lunes, 18 de junio de 2007

DON MIGUEL

Hace unos años atrás, existió un hombre noble, nacido en un hogar acomodado económicamente pero carente de afecto materno desde sus primeros años. Su madre murió cuando el contaba con pocos años y su padre, un odontólogo de prestigiosa clientela y con muy marcada diferencia de edad no estaba siempre presente. Para muchos, Don Miguel era la seriedad personificada, para otros la persona mas justa que han conocido ya sea como jefe en la planta de cemento donde trabajó por muchos años siempre defendiendo los derechos de los obreros a su cargo o como profesor en la universidad Politécnica formando nuevos ingenieros como él.

Culto como muchos de los de su generación que estudiaron en colegio de curas y que lograron cursar una carrera universitaria y sobre todo siempre dispuesto a echar una mano, en la medida de sus posibilidades, a quien lo necesitara.

No fue rico en dinero, aunque nunca la pasó mal, pero si fue rico en el amor que le dieron sus 7 hijos los cuales educó y mantuvo mientras pudo y a pesar de su origen pudiente siempre mantuvo una sencillez ejemplar.

Era apasionado de la lectura, prácticamente devoraba libros y ese legado le fue dejado a varias de sus hijas, tenía en su casa colecciones de enciclopedias y cuentos con los que narrarle historias por las noches. Siempre estuvo muy enamorado de su esposa, y como él había sido hijo único su sueño era tener una familia grande...el resultado: muchas mujeres y un solo varón al cual la vida le regalo solo sus primeros 10 años. La gente de la ciudad donde vivía lo querían mucho, y cuando enfermó muchos fueron a ponerse a sus órdenes y a desearle su pronto restablecimiento. Por desgracia sus riñones habían dejado de funcionar y las complicaciones se hicieron presente.

Pronto llegó el día de su partida, su funeral fue impresionante, aún lo recuerdo, todos sus alumnos, sus ex empleados, sus amigos acudieron a darle el último adiós. Recuerdo la iglesia llena, recuerdo el lugar lleno de flores donde le dijimos el último adios…. Hubo muchas lágrimas, pero también muchas risas al recordar las anécdotas y ocurrencias de Don Miguel...

Hace muchos años que te fuiste y aún te extraño, y lo que más me ha dolido siempre, es que no hayas podido disfrutar de mis hijos…de conocer mi nieta, y sobre todo papi, hace muchos años deje de ser una niña pero no he dejado de ser tu gordita ni de recordar todos los momentos que pasamos juntos y por eso ahí donde te encuentres quiero que te llegue mi beso, ese que siempre me costaba darte por las noches y que hoy me duele no poder dártelo

Feliz día, papá, te quiero mucho. Tu gordita