lunes, 4 de febrero de 2008

Entre la lírica y lo soez...lo divertido


Hoy, después de pelear a brazo partido con unas imágenes que se resistieron hasta el final en quedar en la posición que yo deseaba, he decidido postear algo que me genere mas satisfacciones y menos disgustos.
En estos días estaba buscando algunos versos que me dieran ideas sobre algunas palabras para rimar lo que le quería dejar escrito a alguien muy especial y que sin ayuda de las inspiraciones ajenas a veces no me brotan tan fácilmente las palabras y me encontré con algunos versos que fueron criticados y vilipendiados duramente en su época.
Me refiero a la poesía erótica. de nuestro siglo de oro (XVI-XVII), en donde los poetas escribieron sobre ello pese al clima beato e hipócrita que imperaba en esos momentos y en donde hasta los pintores como Goya y Velásquez aportaron su granito de arena al pintar sus famosas Venus enseñando todo lo que Dios les dio.

Un verso atribuido a Quevedo es el que a continuación se relata y solo hay que imaginar como se pondrían las damitas de la época al escuchar al oído semejantes insinuaciones..

Alzó Venus las faldas por un lado
de que herrero sucio, enternecido
por el botín que descubierto vido,
quiso al momento dársele cerrado.
Arrojó las tenazas denodado,
lleno de tizne y, del hollín vestido,
tentó la hornaza do salió Cupido,
y echó las bragas y el mandil al lado.
Sintióse Venus porque tal hacía,
y al defenderse tuvo manos mancas
al ajo y al queso, de que fue gustando,
hasta que en acabando dijo la puta
:«Bien está lo hecho,
que no cabe en un saco honra y provecho».

O estas otras que sos inspiraciones de su enemigo GóngoraDecidme, dama graciosa,
qué es cosa y cosa.

Decid qué es aquello tieso
con dos limones al cabo,
barbado a guisa de nabo,
blando y duro como hueso;
de corajudo y travieso
lloraba leche sabrosa:
¿qué es cosa y cosa?
¿Qué es aquello que se lanza
por las riberas del Júcar?
caña de azúcar,
aunque da botes de lanza;
hiere, sin tomar venganza
de la parte querellosa;
¿qué es cosa y cosa?
Aquel ojal que está hecho
junto de Fuenterrabía,
digáisme, señora mía:
¿cómo es ancho siendo estrecho?
Y ¿por qué, mirando al techo,
es su fruta más sabrosa?
¿qué es cosa y cosa?
¿Por qué vuela pico a viento,
y sin comer hace papo?
¿Por qué, cuanto más le atapo,
más se abre de contento?
Y, si es tintero de asiento,
¿cómo bulle y no reposa?
¿qué es cosa y cosa?


No cabe duda que estos versos deben haber terminado en un tórrido romance en algún granero o lugar recóndito, escondido de la vista de los curiosos.
Pero retrocediendo un poco en el tiempo podemos ver que no solo en la época de oro esta presente la literatura erótica sino también en las civilizaciones griegas y romanas. Textos que buscan el efecto de erotizar al lector, poemas que festejan el sexo, comedias de enredos sexuales, tratados escatológicos, libelos procaces, escritos de alta lubricidad y lascivia son los testimonios dejados por varios autores de literatura erótica de la antigüedad.

En un ambiente cultural semejante no parece inapropiado que Aristófanes escribiera Lisístrata, primera obra importante del erotismo antiguo, historia de una joven que convoca a las demás mujeres atenienses a una huelga de sexo para detener la guerra del Peloponeso.
Con la misma veta erótica, humorística, feminista y sindical, Aristófanes escribió otras obras donde lo sexual es motivo frecuente y el lenguaje es humorístico pero procaz, como ocurre en La Asamblea de las mujeres. Por el lado del relato, entre los antecedentes griegos más remotos están los cuentos milesios, zaga de chistes transmitidos de boca en boca que contaban las licenciosas costumbres de los habitantes de Mileto (Jonia).

Estos chistes fueron recogidos en el siglo II a. de C. por ARÍSTOES DE MILETO en el libro Milesiarcas. En poesía el más obsceno de los escritores griegos -juicio de sus propios Contemporáneos- fue Sotades, quien dio lugar a la expresión "literatura sotádica", aplicable a los textos de temas lúbricos. Meleagro, autor de la primera antología de epigramas eróticos y fino cultor de ese género, y Estratón de Sardes, que escribió cientos de poemas a la homosexualidad masculina, son los nombres que sobresalen entre los muchos escritores "especializados" en erotismo de la Grecia anterior a nuestra era. A Luciano, escritor griego de origen sirio, que nació en el 125 d. J. C. se lo considera autor del libro pornográfico más antiguo: los Diálogos de las cortesanas. En Lukios o el asno, Luciano retomó un chiste referido a las mujeres de Mileto: el protagonista, convertido en burro, deleita sexualmente a una dama que se indignará al recobrar él la forma -y las proporciones-humanas.

Cimentada sobre una cultura popular que también sabía celebrar lo sexual y era rica en diálogos procaces, chistes, obscenidades y retruécanos pícaros, la literatura erótica romana muestra obras de mayor refinamiento literario que las griegas, de cuyas formas es deudora. Escritas entre el siglo II a. de C. y, 11 d. de C.; sobresalen entre ellas las comedias de Plauto, la poesía de Catulo, las sátiras de Horacio, el Arte de amar, de Ovidio El satiricón, de Petronio; los epígramas de Marcial, los textos satíricos de Juvenal, y El asno de oro, de Apuleyo, la novela de tema erótico más lograda de la época, que echa mano del mismo motivo que Luciano.”

Tomado del Mixionario

De la Edad Media se conservan numerosas trovas que cantan hazañas sexuales e impudicias. En la colección francesa de ANATOLE MONTAICILON, de seis volúmenes, se recopilan manuscritos originales con títulos como El debate de la concha y el culo, De putas y cogedores. De una sola mujer cuya concha servían cien caballeros y El obispo que bendijo a la concha. La caricatura de costumbres y la farsa teatral servían a la diversión popular en Francia con piezas que se solazan en el lenguaje grosero y escatológico: Farsa de TarabínTarabás; Farsa de la mujer a quien, su vecino comienza a dar una lavativa y Farsa de las mujeres que se hacen llenar la parte baja. El erotismo medieval también tenía su expresión en las cortes, como el libro De amore, de ANDREAS CAPFLLANUS, y los poemas eróticos de EUSTAcHE DESCHAWS.

Entre el fin de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento escribió el florentino Govanni Boccaccio, autor de El Decamerón, donde la tradición anterior que celebraba lo grosero es refundida en una estructura literaria rica y compleja. Son cien narraciones divididas en diez jornadas, ( de ahí su nombre de Decamerón) con un tema central para cada serie, dispuestas como conversación entre personas distinguidas, hombres y mujeres, que con un realismo de tono humorístico intercambian historias de adulterios, amantes, curiosos encuentros sexuales y todo tipo di relaciones camales. Emparentado con el Decamerón, en Inglaterra.
Aparecieron en 1398 los Cuentos de Canterbury, de Geofrey Chaucer:son veintinueve peregrinos que en el camino a Canterbury se cuentan historias picarescas.
Quizás el momento cumbre de la literatura erótica sea el del Renacimiento en Italia.
Entre los autores más celebrados en el género se puede apuntar a Gian Francesco Poggio (secretario apostólico nombrado por el papa Bonifacio IX), autor de las Facecias, 273 historias breves donde predominan los argumentos lujuriosos; Girolamo Morloni, autor, en 1520, de Novellae, colección de cuentos sobre las costumbres sexuales de Nápoles; PiETRO ARMiNO, una celebridad adorada por los lectores de la época, gozador desenfrenado, incomparable en el arte de ridiculizar, autor de Razonamiento (donde da cuenta de todas las perversiones de la época), de Sonetos lujuriosos, y de cinco comedías igualmente escandalosas; LORENZO VENIERO, discípulo de Aretino, que escribió La puttana errante, y por último Nicollo Franco, quien en 1541 escribió La priapea, 175 sonetos injuriosos contra Aretino, que se burlan de lo usos sexuales del maestro.

Por último y para cerrar este capítulo sobre literatura erótica no podemos dejar de mencionar al mas popular de todos los tiempos: El Marques de sade, el hombre brillante y libertino entregado a las orgías, a la sodomía y la flagelación, que amplió los horizontes imaginables del género erótico. El célebre marqués escribió Los ciento veinte días de Sodoma en 1785 mientras estaba preso en la Bastilla; Justine o Los infortunios de la virtud (179l), varias piezas de teatro, La nueva Justine (1797), Juliete o las prosperidades del vicio (1797) y numerosos cuentos. En la consideración de sus contemporáneos fue un depravado, pero el tiempo reubicó al marqués en el lugar del intelectual subversivo, "maestro de los grandes temas del pensamiento y la sensibilidad modernos. Su filosofía del mal, su oposición a toda ley, sus apologías del incesto, la sodomía y crueldad y su transgresión sin límites a los convenios humanos dieron pie a una lectura política de su obra erótica. La influencia de Sade puede rastrearse en obras y
movimientos literarios posteriores, desde LAUTREAMONT hasta APOLLINAIRE de BATAILLE al surrealismo. Juliette o las prosperidades del vicio agrega al género erótico un condimento de terror nunca antes transitado: Juliette goza con crímenes, descuartizamientos y desollamientos que se hacen en medio de oras, o ayuda a su amigo a violar y luego a comerse a la parrilla a tres muchachos. La carrera licenciosa de la heroína culmina en el libro cuando su amigo es nombrado primer ministro de Francia y ella se convierte en su favorita.