martes, 14 de octubre de 2008

Fantasmas del pasado


Desentonates canciones suenan en la otra habitación, es el fantasma de mi pasado que trata de asustarme indicándome que aun no se ha ido, que me espera en la esquina de la plaza donde alguna vez nos solíamos encontrar.
Trato de concentrarme, trato de escuchar mis dedos en el teclado, pero sus desentonados cantos me hacen temblar. Le pido que me deje en paz, que me deje tranquila, que mi compañera la soledad lo echara por la ventana y se quedaran ahí congelado entre el frío del pavimento, entre las mentiras blancas como nieve, entre los recuerdos que se rindieron a mi voluntad.
De pronto dejo de escuchar sus gemidos, sus notas mal interpretadas han dejado de molestarme, me levanto del sillón, y salgo de la habitación, veo a través de la puerta entre abierta y se ha ido, mis recuerdos no están, abro de golpe la puerta y los busco, pero se han ido, veo la ventana abierta y un viento ligero con olor prutefacto sopla y entra lastimando mi nariz.
Me siento en medio de la habitación vacía, pues mucho tiempo he temido llenarla de adornos, los recuerdos circulaban y cambiaban el aspecto de la misma, a veces oscura, a veces clara, me agradaba cuando tomaba el color oscuro, pues es cuando más recuerdos tenia. Enciendo un cigarro y sueño con el futuro.
Mientras imaginaba mi espacio compartido por la luz de la luna, mientras sentía que la luna me abrazaba, escucho unos pasos que se acercan por el pasillo de la pereza, pregunto si era mi soledad, pero no escuche respuesta, le digo que no se haga la pesada pues las dos sabemos que nos queremos. Me levanto del piso y me acerco al pasillo, de pronto es el, de nuevo con una sonrisa burlesca, me empuja y me lanza al piso.
Se burla de mis pensamientos y los patea despiadadamente, coge a la luna entre sus manos y la escupe.
Le pregunto con rabia iracunda, que no te habías ido??? y me dice que solo había salido a tomar aire fresco, que el olor que provenía de la ventana le insinuaba hermosas fragancias. Me dice que recuerda cuando solíamos besarnos debajo de un bello árbol, me dice que recuerda cuando le mostraba mi cuaderno de notas, me dice que sentía celos de mi pluma, pues le dedicaba mucha atención, descuidándolo en ciertos momentos.
Se pasea airoso por mi lado, mirándome desde lo alto, pues en el suelo, me veo más pequeña, me dice que la luna es de queso y que se la acaba de ofrecer a un ratón goloso.
Me muestra las cadenas que nos unieron por mucho tiempo y sonríe, me mira y en su mirada hay algo que no puedo describir, pues las palabras se pierden. Le pido que me deje tranquila, pues por mucho tiempo me ha atormentado, me dice que el tiempo es un cruel guerrero, que lucha sin cesar y que el también me quiere de prisionera.
En un aire de valentía, salgo corriendo y cruzo a duras penas por el pasillo de la pereza, entro en la habitación donde me encontraba en un principio y me siento presurosa en mi sillón, contemplo mi teclado y mi monitor, respiro agitadamente y me dispongo a seguir escribiendo, se escucha aun su canto desentonado y la burla que me hace, pero mi soledad ha cerrado la puerta y me traído nuevas canciones y la luna con su sonrisa me ha inspirado nuevos poemas.
Aun no me has ganado y no me rindo fácilmente.